
Qué es la fitodepuración y cómo diseñar sistemas de tratamiento de aguas sostenibles
Durante décadas, el tratamiento de las aguas residuales se ha abordado como un problema puramente ingenieril: eliminar contaminantes lo más rápido posible, con sistemas cerrados, intensivos en energía y completamente desconectados del lugar donde se implantan.
La fitodepuración propone algo radicalmente distinto. No porque sea una tecnología experimental (lleva décadas aplicándose), sino porque obliga a repensar el proyecto desde una lógica ecosistémica, donde el agua, el suelo, la vegetación y los microorganismos forman parte de un mismo sistema funcional.
Y eso, para arquitectos, ingenieros y profesionales del entorno construido, tiene implicaciones profundas.
Qué es la fitodepuración
La fitodepuración es un sistema natural de tratamiento de aguas residuales basado en los procesos de autodepuración propios de los humedales, donde interactúan suelo, agua, plantas y comunidades microbianas para reducir materia orgánica, nutrientes y patógenos.
A diferencia de los sistemas convencionales, aquí la depuración no depende de reactores mecánicos ni de un consumo energético continuo, sino de procesos biológicos, físicos y fisicoquímicos que se activan cuando el agua circula lentamente a través de un medio filtrante plantado.
Por eso también se habla de humedales artificiales o humedales construidos, una tipología ampliamente utilizada en Europa y Estados Unidos, especialmente en contextos donde se busca bajo consumo energético, integración paisajística y estabilidad a largo plazo.
Un punto clave: la fitodepuración es un sistema hidráulico, no solo vegetal
Uno de los errores más frecuentes al hablar de fitodepuración es pensar que “las plantas limpian el agua”.
En realidad, las plantas no actúan como agentes depuradores directos, sino que crean las condiciones físico-químicas y biológicas necesarias para que los procesos microbianos responsables de la depuración puedan desarrollarse de forma estable.
Desde el punto de vista técnico, la fitodepuración funciona como un sistema hidráulico de flujo lento, especialmente en los sistemas de flujo subsuperficial, donde el movimiento del agua responde a principios como la ley de Darcy.
Esto tiene consecuencias directas en proyecto:
El medio filtrante se define por su granulometría y conductividad hidráulica, no por criterios estéticos. La pendiente del lecho, las cotas de entrada y salida y el control del nivel hidráulico determinan el tiempo de retención, un parámetro crítico para la eficacia del sistema. Errores en el diseño hidráulico pueden provocar colmataciones (se tapona), cortocircuitos de flujo o pérdidas de rendimiento a medio plazo.
Aquí, la arquitectura (sección, topografía e implantación) no acompaña al sistema: es parte del sistema.
Tipologías de fitodepuración y su impacto en el diseño
En el ámbito residencial y de equipamientos de pequeña y mediana escala, los sistemas de fitodepuración más utilizados son los de flujo subsuperficial, donde el agua circula bajo la superficie del sustrato, sin quedar expuesta al aire.
El flujo subsuperficial horizontal resulta especialmente interesante desde el proyecto arquitectónico porque evita la aparición de olores e insectos, permite una alta integración paisajística y puede ubicarse cerca de viviendas o equipamientos sin generar molestias. En muchos casos, estos sistemas pueden diseñarse como infraestructura verde, formando parte del espacio exterior del proyecto.
El flujo subsuperficial vertical, por su parte, favorece una mayor oxigenación del medio y resulta muy eficiente en procesos de nitrificación, aunque requiere un mayor control del sistema de distribución del agua. Por ello, es habitual combinar ambos en sistemas híbridos, adaptados a la carga contaminante y al contexto del proyecto.
Además de los sistemas de flujo subsuperficial, ampliamente utilizados en vivienda y equipamientos de pequeña escala, existen otras tipologías de fitodepuración especialmente relevantes cuando se amplía la escala del proyecto o el objetivo del tratamiento.
Los humedales de flujo superficial, con lámina de agua visible, se utilizan habitualmente en contextos de restauración ambiental, tratamiento terciario o proyectos territoriales donde existe disponibilidad de superficie. Estos sistemas ofrecen una elevada integración ecológica y una buena capacidad de amortiguación hidráulica, aunque presentan mayores limitaciones de proximidad a edificaciones y requieren superficies más extensas.
En muchos casos, la solución más eficaz no es un único sistema, sino la combinación de varias tipologías en serie, dando lugar a sistemas híbridos que integran flujos verticales, horizontales y zonas de pulido final. Este enfoque permite adaptar el tratamiento a cargas variables, mejorar la eliminación de nutrientes y aumentar la estabilidad del sistema a largo plazo.
Desde una mirada arquitectónica y territorial, estas tipologías permiten entender la fitodepuración no solo como una instalación técnica, sino como infraestructura verde multifuncional, capaz de integrar gestión del agua, paisaje, biodiversidad y salud ambiental.
Qué ocurre realmente dentro del sistema
Comprender los procesos internos es fundamental para no idealizar ni sobredimensionar la tecnología.
La materia orgánica se reduce principalmente mediante degradación bacteriana aerobia y anaerobia, favorecida por el tiempo de retención hidráulica y por la alternancia de zonas oxigenadas y anóxicas.
El nitrógeno se elimina a través de una secuencia de amonificación, nitrificación y desnitrificación, cuya eficacia depende directamente del diseño hidráulico y de la capacidad del sistema para generar condiciones redox diferenciadas.
El fósforo constituye uno de los puntos críticos del diseño. Su eliminación se produce principalmente por adsorción y precipitación en el sustrato, así como por absorción vegetal. Esto implica que el medio filtrante tiene una capacidad finita y una vida útil limitada, que debe considerarse desde la fase de proyecto, igual que se considera la durabilidad de cualquier material constructivo.
En cuanto a los patógenos, la fitodepuración permite una reducción significativa, mediante filtración física, estrés ambiental, depredación microbiana y cambios en las condiciones de oxígeno. Esta reducción puede alcanzar niveles compatibles con vertido o reutilización no potable, siempre en función del diseño y de la normativa aplicable. No se trata de una eliminación absoluta, sino de un control sanitario basado en procesos naturales.
El papel de las plantas: infraestructura viva
Las especies comúnmente utilizadas, como Phragmites australis o Typha latifolia, no se eligen por razones estéticas, sino por su capacidad para transferir oxígeno a la rizosfera, desarrollar sistemas radiculares extensos y resistir variaciones de carga hidráulica y orgánica.
Desde una mirada arquitectónica, esto implica entender la vegetación como parte del sistema constructivo. No es un acabado. No es un elemento intercambiable. Es infraestructura viva.
Fitodepuración, salud y diseño consciente
Aquí es donde la fitodepuración conecta directamente con mi metodología Blueprint.
Estos sistemas trabajan sobre la calidad del agua, uno de los siete elementos saludables, pero también impactan en la biofilia, la seguridad ambiental y el bienestar psicológico asociado a espacios verdes funcionales.
La literatura técnica europea reconoce que los espacios verdes asociados a sistemas de fitodepuración pueden considerarse un uso beneficioso del suelo, con efectos positivos en salud pública y calidad de vida, especialmente en entornos urbanos y periurbanos.
Esto amplía la pregunta clásica del proyecto arquitectónico:
¿Estamos diseñando solo edificios… o sistemas de vida? Si quieres ver cómo esta lógica se materializa en un proyecto real, te invito a recorrer conmigo las instalaciones de EcoHUB , donde una biopiscina forma parte del sistema vivo del proyecto. Aquí Victor del Olmo se tomó el tiempo para explicarme el sistema el año pasado cuando visité EcoConstruir.
Límites técnicos que conviene asumir
La fitodepuración no es una solución universal ni estándar. Su eficacia depende del contexto, del diseño y de la correcta caracterización de la carga contaminante.
Funciona mejor con concentraciones bajas o medias, cuando existe disponibilidad de superficie y cuando el tiempo de tratamiento no es un condicionante crítico. Requiere estudios previos, diseño específico y coordinación real entre disciplinas.
Cuando está correctamente dimensionada y adaptada al emplazamiento, es un sistema estable, resiliente y de bajo consumo energético, aunque sensible a errores de diseño hidráulico y de pretratamiento.
Entender la fitodepuración con este nivel de rigor cambia algo esencial: deja de ser una “alternativa ecológica” y pasa a ser una herramienta legítima del proyecto arquitectónico y territorial.
Diseñar agua es diseñar salud. Diseñar procesos vivos es asumir responsabilidad a largo plazo.
En mi formación del Blueprint del diseño sostenible y saludable siempre empiezo con datos de estrés hídrico, porque antes de hablar de soluciones necesitamos entender la realidad en la que estamos construyendo. Hoy proyectamos en un contexto donde el agua ya no es abundante, ni estable, ni garantizada. Y, sin embargo, gran parte del sector sigue actuando como si lo fuera.
Este artículo nace precisamente de una explicación reciente que trabajé dentro de mi metodología sobre el balance hídrico, un concepto fundamental para cualquier diseño sostenible y saludable, y un tema en el que profundizaré más adelante.
Porque antes de preguntarnos cómo tratamos el agua, quizá deberíamos preguntarnos algo más incómodo:
¿por qué seguimos proyectando como si el agua fuera un bien ilimitado?
Un abrazo,
Adaliz Sayago
